Tai Chi Chuan | Sentir Taoísta

Tomado de "Confesiones", de Pierre Joseph Proudhon

La libertad como la razón, sólo existe y se manifiesta por el constante desdén, por sus propias obras. Cuando se adora, perece. Por eso la ironía fue siempre el carácter del genio filosófico y liberal, el sello del espíritu humano e instrumento del progreso. Los pueblos estacionarios son graves. El pueblo que ríe está mil veces más cerca de la razón y de la libertad que el anacoreta o el filósofo que argumenta.

 

Tomado de "Lugares comunes", de Adolfo Aristarain.

Uno sabe, pero se olvida de que sabe, esa es la manera de convivir con la lucidez, pero la cosa se complica cuando uno no se puede olvidar. El despertar de la lucidez puede no suceder nunca, pero cuando llega, si llega, no hay manera de evitarlo, y cuando llega se queda para siempre. Cuando se percibe el absurdo, el sinsentido de la vida, se percibe también que no hay metas y que no hay progreso. Se entiende aunque no se lo quiera aceptar que la vida nace con la muerte adosada, que la vida y la muerte no son consecutivas sino simultáneas e inseparables. Si uno puede conservar la cordura y cumplir con normas y rutinas en las que no cree es porque la lucidez nos hace ver que la vida es tan banal que no se puede vivir como una tragedia.

 

Maestro Lie

Lie Tsé se hallaba en la miseria y el hambre se revelaba en su rostro. Un enviado imperial, visita el estado donde vivía el maestro y se reúne con el alcalde del mismo, y le dijo: "Lie Tsé, es un letrado que ha alcanzado el Tao, vive en el estado de su señoría y se halla en la miseria. ¿quiere esto decir que su señoría no estima a los letrados?". Entonces este, ordenó a sus mandarines que se le enviara grano al maestro.

Cuando Lie Tsé vió al mensajero llegar con la carga de grano, saludó muy cortésmente una y otra vez, pero rehusó aceptarlo. Cuando el maestro Lie ingresó a su casa, su mujer le miró enojada y, golpeándose el pecho, le dijo:

-Tengo oído que todas las mujeres de los hombres que han alcanzado el Tao llevan una vida cómoda y feliz, y aquí estamos con estas caras de hambrientos. Se entera su señoría, le envía a mi señor comida y mi señor no la acepta. ¿no es esto un aciago destino?

-Su señoría no me conoce. -dijo Lie Tsé riendo- Alguien le ha hablado bien de mí y por eso me ha enviado grano. También podría castigarme si alguien le hablara mal de mí. Por eso no he querido aceptar.

 

La tortuga sagrada

Chuang Tsé paseaba por las orillas del río Pu. El rey de Chou envió a dos altos funcionarios con la misión de proponerle el cargo de Primer Ministro. Sin distraer su mirada que se posaba en las aguas del río, Chuang Tsé respondió: Me han dicho que en Chou veneran una tortuga sagrada, que murió hace tres mil años. Los reyes conservan sus restos en el altar familiar, en una caja cubierta con un paño. Si el día que pescaron a la tortuga le hubiesen dado la posibilidad de elegir entre morir y ver sus huesos adorados por siglos o seguir viviendo con la cola enterrada en el lodo, ¿qué habría escogido?. Los funcionarios repusieron: Vivir con la cola en el lodo. Pues ésa es mi respuesta: prefiero que me dejen aquí, con la cola en el lodo.

 

Sueño de la mariposa - de Chuang Tsé

Chuang Tsé soñó que era una mariposa; una mariposa que revoloteaba de un lugar a otro contenta consigo misma, ignorando ser Chuang. Al despertar vió con asombo que era Chuang. Pero ¿Chuang había soñado que era una mariposa? ¿o era una mariposa que ahora estaba soñando que era Chuang?

 

De las espadas Chuang Tsé

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Antiguamente el rey Wen del reino de Chao era aficionado a la esgrima. Los espadachines asediaban las puertas de su palacio. Solía mantener más de tres mil de estos huéspedes. Día y noche luchaban ante él. Al año, los muertos y los heridos pasaban de cien. Su afición era insaciable. Así pasaron tres años. El estado iba a la ruina. Los señores feudales maquinaban ya contra él. El Príncipe heredero K’uei deploraba esta desdicha. Reunió a sus servidores y les preguntó quién podría persuadir al rey. A quien le hiciera desistir de la esgrima, él le recompensaría con mil monedas. Sus servidores le dijeron que Chuang-tzu era capaz de ello.

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Destazando un buey

El cocinero del príncipe Wen Hui
estaba destazando un buey.
Extendió una mano,
bajó un hombro,
apoyó un pie,
presionó con una rodilla.

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La historia de los otros

Contaron los más viejos de los viejos que poblaron estas tierras que los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, no se pensaban parejo todos.
O sea que no tenían el mismo pensamiento, sino que cada quien tenía su propio pensamiento y entre ellos se respetaban y escuchaban. 
Dicen los más viejos de los viejos que de por sí así era, porque si no hubiera sido así, el mundo nunca se hubiera nacido porque en la pura peleadera se hubieran pasado el tiempo los dioses primeros, porque distinto era su pensamiento que sentían.

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